Blog para enfermos, familiares, voluntarios y miembros de AdEla. El jurado valorará la historia, contenido, imaginación y creatividad y NO tendrá en cuenta la puntuación, ortografía ni formato, pues sabe las dificultades de algunos de vosotros para escribir. También puedes comentar microrrelatos ajenos con respeto y crítica positiva. Lee los microrrelatos publicados para que te anime a empezar. ¡Suerte!

jueves, 16 de mayo de 2019

04. 7 costillas (parte 1). Santa



Su vida se quedaba sin oxígeno. No hay problema- pensó. Un paseo por la primavera antes de comer, antes de volver a cuidar de su padre.



Se perdió por senderos serpenteantes y estrechos, flanqueados por pinos, robles y encinas. Eso es lo que la relajaba, la adrenalina corriendo por su cuerpo; ella a cien por las venas del bosque, con el aroma del viento explotando en su cara.



En medio segundo una piedra hace que vuele hasta estrellarse en el suelo. Un sonido seco de ramas partidas, sus huesos; dolor y más dolor, apenas puede respirar.



Una voz la tranquiliza. -Estás llegando a urgencias-. Radiografías, TAC, analgésicos; siete costillas rotas, rotura de escápula. Alta voluntaria, maldice su suerte; maldice en secreto a su padre.



Las noches son eternas, como una condena al infierno. Siete costillas, ¿por qué siete? – Se pregunta.



Siete maravillas, siete pecados capitales. La semana compuesta por siete días y las fases lunares, que duran siete días cada una. La Lira, el instrumento sagrado de Apolo, consta de siete cuerdas que originaban los tonos de los siete planetas. Los siete colores del arco iris como base de pintura.



Grupos de siete elementos como los mares del mundo, las botas de las siete leguas y los siete enanitos.



Y siete parejas en su vida que no cuajaron…

martes, 7 de mayo de 2019

03. La huerta. Antonio Nieto

Yo cuido de un pequeño huerto en mi jardín. Nada de extraordinario: cinco tomateras, tres calabacines, dos pepinos y unas lechugas. No es que me apasione la agricultura, pero comerme una ensalada cuidada por mí, no solo tiene un sabor del siglo pasado, cuando las cosas de las huertas venían directamente del productor, sino que me ayuda a mantenerme en forma.

Lo que no podía sospechar era que las verduras hablaran, pero un día mientras las regaba y ante mi sorpresa, las cuatro hortalizas se pusieron a cantarme el cumpleaños feliz como si fuesen el orfeón donostiarra. Casi me caigo de culo al escucharlas, y cuando a continuación entré en su juego de responderles y preguntarles cómo habían adivinado mi onomástica, una de ellas, la lechuga más grande, me dijo: “ ¡pero,  en qué mundo vives!, ¿acaso no tienes Facebook donde te anuncian los cumpleaños de todos los seres vivos?”

No voy a relatar aquí nuestra conversación posterior, por si alguno le da por encerrarme, pero desde entonces cuando me como un tomate, un calabacín o una lechuga, lo hago con mucho respeto y les prometo que seguiré cuidando que nuestro planeta no cambie de color.

02. El señor roble. Cristina García Lázaro

Compartimos un relato que Cristina García ha escrito a su padre, Rafael García, enfermo de ELA, fallecido el pasado 4 de abril. Os invitamos a leer y emocionaros con este bello homenaje, sentido e intenso, lleno de afecto y cariño.


"Les voy a contar una breve historia de un fuerte y valiente roble que luchó hasta el final y que nunca perdió su humor, su carácter y sus ganas de seguir viviendo. 
Había una vez un roble grande, fuerte y valiente, con dos grandes raíces sujetas al suelo y dos grandes ramas que abrazaban y daban sombra y cobijo al resto de árboles, arbustos y seres vivos, todos ellos eran su familia. Era un roble muy especial pues siempre ayudaba y pensaba en los demás antes que en él. Tenía una vida  muy humilde, intentando todos los días proteger y mantener a los que eran su familia  bajo su gran sombra y disfrutando todo lo que podía junto a ellos. 

Un día cuando mejor estaba en su vida para continuar disfrutando de sus seres queridos, después de una larga vida trabajando, se puso enfermo.  No sabían que le pasaba pues se había debilitado mucho y había perdido fuerza. El roble al principio sacó su fuerza que le caracterizaba y lucho contra viento y marea, pero pronto se daría cuenta de que estaba sentenciado ya que no podría hacer mucho más de lo que hacía, así que comenzó una contrarreloj junto a su familia que siempre le apoyaban y le ayudaban en el camino de su enfermedad.
Unos días el roble se veía con más fuerza pero otros veía como se iba apagando. Pronto empezó a sentir debilidad para poder absorber el alimento que día a día necesitaba para sus raíces, tronco y ramas, no tardó en tener que buscar otra vía por la que suministrarse su alimento. A pesar de ello el roble continuaba fuerte y luchando por conseguir algún camino de salida, pero no se terminaba de recuperar de alguna recaída cuando venía otra, lo siguiente que le pasó fue que perdió fuerza en sus grandes ramas y vio como poco a poco dejó de poder sostener al resto de árboles ya que sus ramas se debilitaban y caían dejando de poder dar sombra, necesitó la ayuda del resto de árboles para poder continuar haciendo sus funciones. Había días que se enfadaba y sacudía sus grandes ramas como podía al ver con impotencia que no podía hacer ya muchas cosas de las que antes hacía, lo que le llevaba poco a poco a la resignación y a la adaptación de las  nuevas situaciones, pensaba;  “todavía me queda mis dos grandes raíces enraizadas en el suelo”, pero iba a ser por poco tiempo ya que entraba en otra fase en la que empezarían a debilitarse sus grandes raíces y necesitaría de otro sustento para sujetarse y no caer. Como siempre entre todos le ayudaron para poder sostenerse y para que el roble se sintiera más confortable. 

Con el paso del tiempo los ánimos del roble, a pesar de todo el apoyo y cariño que tenía de los demás, fueron reduciéndose ante la imposibilidad de poder hacer nada y de encontrarse paralizado y cada vez peor. 

Todavía le quedaba lo peor pues llegó un momento en el que ya casi no podía respirar ya que al encontrarse tan débil todas sus ramas y raíces no podían hacer las funciones al 100% de coger la oxigenación, por lo que hubo que crear un invento para poder hacerle llegar el oxígeno de forma artificial, aunque era algo provisional pues también tenía una durabilidad limitada y llegaría un momento en que no podría aguantar.

El roble cansado ya de tanto luchar y de ver en su entorno el sufrimiento de los suyos optó por decidir que ya era hora de marchar no sin antes reivindicar por una vida libre y digna a decidir por uno  mismo sobre cómo abandonar la vida terrenal. Gracias a la ayuda, como siempre, de su familia y amigos consiguió que su historia  se difundiera por todos los vientos y aunque no consiguió ver hecho realidad su deseo de poder irse libremente cuando a él le hubiera gustado, sí pudo agradecer a todos la ayuda que le habían estado dando durante esos años y pudo despedirse de todos sus seres queridos. 

Tras mucha meditación y mucho coraje, fuerza y valentía el roble decidió dejar de sufrir y una mañana de primavera soleada lo dispuso todo y rodeado de sus seres queridos se dejó ir en paz, con esa entereza y templanza que le caracterizaban haciendo un último acto de voluntad que fue dejar su hermoso y robusto tronco en manos de los más sabios para que pudieran aprovecharlo de la mejor manera posible para ayudar a otros.

Así es como el señor roble se marchó dejando su espacio terrenal con una huella inolvidable marcada por sus grandes raíces y enseñando que la vida hay que vivirla, hay que disfrutarla día a día y agradecerla por todo".

En memoria de Rafael García Fernández, enfermo de ELA, que luchó hasta el final como un gran roble. 02/11/1950 al  †04/04/2019.DEP.   Autora: Cristina García Lázaro (hija de Rafael) TQM



viernes, 3 de mayo de 2019

01. Estrellas errantes. Rosa Molina



Cada luna nueva, el Guadalquivir se eriza como un felino, los lobos se esconden espantados,  los jabalíes rozan el aire con sus lomos de lija y los ojos del lince brillan en la maleza. Dice mi abuelo que en estas noches, tenebrosas como quejido de lechuza, las almas en pena recorren las quebradas, se enganchan en las ramas de los árboles y sueltan alaridos estridentes. Por eso las bestias duermen inquietas y los niños tenemos sueños de escalofrío. Entonces mi abuelo nos lleva a la charca de mi pueblo. En sus negras aguas titila el universo. Allí nos damos un baño de estrellas y espantamos nuestro miedo a los espíritus alborotadores. Luego cogemos luciérnagas, estrellas del  bosque, y las soltamos para que se enreden en las ramas de un olivo. Entonces mi abuelo compara esas constelaciones errantes, vivas,  con las del universo,  y nos admira ver que son idénticas, como ese carro, con su cola detrás, y esa de más allá, nos señala, que es la Estrella Polar y que debemos recordar porque de ella cuelga esta parte del planeta.

Mayo: el planeta verde

Ya estamos en mayo, mes de las lluvias y las flores. Los trigales están esplendorosos y las espigas crecen y granan antes de amarillear al calor del verano. Los árboles ya han brotado y sus hojas recién abiertas brillan a la intensa luz de la primavera. Y, entre tanto verdor, las amapolas se asoman para teñir de rojo los cultivos.

Os invitamos a que imaginéis, o propongáis, un planeta verde, salvaje, intenso. Un planeta en el que la vegetación tenga la fuerza de un océano, e inunde los desiertos, los páramos, las cumbres nevadas. Un planeta en el que el aire sea tan limpio que parezca que no existe, y que el clima sea riguroso en su agenda: a cada estación, su temperatura, sus lluvias, sus fríos o calores. Un planeta sin cambios bruscos, ni contaminación. 

El nuestro era así y en nuestra mano está que siga siéndolo. Es cuestión de responsabilidad.

¿Iniciativas?, ¿propuestas?, ¿ideas? Esperamos que vuestros relatos germinen y broten con las mejores intenciones y, sobre todo, que pinten de verde toda la galaxia.


sábado, 27 de abril de 2019

06. El mundo en un armario. Julián Rumbero Castro


​El mundo es un lugar muy grande pero porque tú eres pequeño aún. Crecerás y harás como yo decía Abel, nuestro vecino de puerta, y extendía sus brazos ante mis ojos de niño abarcando el armario de su dormitorio.

​Abel era un hombretón en un cuerpo viejo con un corazón aun alegre a pesar de la marcha de Gabriela, pero yo creía que era una fuente de palabras cuando decía que somos agua y que algún día volveremos al mar. Como hacen los ríos que, desde que nacen en el corazón de las montañas, discurren creciendo a cada paso hasta que,anchos y profundos, desembocan en los océanos. 

​Ese armario era como el mundo porque abríamos ceremoniosamente sus puertas y ante mí no debía ver tan sólo la ropa que guardaba, incluso alguna prenda de Gabriela que desde hacía dos años buceaba con peces y medusas. Veía sus viajes. Un sombrero venido del sur de América, unas bermudas que navegaron el Nilo, calzado que recorrió ciudades hermosas y llegó al pie de montañas sublimes. Un pañuelo azul enorme que cubrió a Gabriela.

​La tela era un mundo abrazando a otro, menudo y hermoso y yo corría a buscar en mi ropero mi camiseta de osos polares y cerrando los ojos navegaba a bordo de un enorme pedazo de hielo.

miércoles, 24 de abril de 2019

05. Perlas de armario. Almudena Verdejo

¡Por más vueltas que doy a mi cabeza, ¡nada!, que no consigo acordarme dónde he guardado la bolsita con las perlas de un collar que me regaló mi esposo. Quiero engarzarlo para seguir poniéndomelo. ¡Ah…! ¡Guardo tantos recuerdos!

Se me olvidó mirar dentro del armario y siento que me estoy poniendo colorada por la mentirijilla que me estoy echando. Si no he buscado dentro del él antes, es porque me da miedo comprobar lo revuelto que lo tengo: es un alboroto total. Seguro que por algún rincón me aparece junto con algunas cosas que he ido almacenando y arrinconando. Ya me voy preparando, porque cuando me encuentro algo olvidado pego un grito de alegría como si tratase de haber descubierto un gran tesoro.

Al final lo encontré como esperaba, después de una corta pero excitante búsqueda y, además, estoy contenta por las cosas que, finalmente, he tirado y, sobre todo, por lucir de nuevo mi collar.

¡Es que la chicas somos así!

lunes, 22 de abril de 2019

04. Noche de tormenta. Cipri Rosell

Lucía estaba sentada en el porche, totalmente absorta en la lectura de una novela de misterio. En el mismo momento que llegó al desenlace de la historia, anocheció de pronto. La tormenta llegó sin avisar. 
Entró en la casa, cerró la puerta y todas las ventanas. Esa noche estaba sola y un poco inquieta por la lectura. No ayudaban los rayos iluminando el cielo y el continuo estruendo de los truenos.
Al irse a la cama, se fue la luz. La vela encendida sobre la mesilla solo reflejaba largas sombras de los enigmas de su libro: un sombrero en la pared, una mano en el espejo, una figura tras la puerta. Iba encogiéndose bajo las sábanas. 
Cuando empezaba a tranquilizarse, tras el paso de la tormenta, escuchó un ligero ruido dentro del armario, pero se dijo a sí misma, que solo estaba en su cabeza. Volvió a escucharlo de nuevo y también oyó llorar un niño. ¡No puede ser, estoy alucinando!
Temblorosa y muy asustada se dirigió hacia el armario, cuando escuchó de nuevo el sonido producido desde dentro. Abrió sin pensarlo más y suspiró de alivio, el gato escondido había decidido salir.

jueves, 18 de abril de 2019

03. Dentro del armario. Alicia del Caz

​Todos, alguna vez, escondemos monstruos. Los hay verdes, de ojos saltones o con enormes colmillos. Los ocultamos dentro de nuestros armarios; tapados con ropa, mantas..., y cerramos con llave para que no salgan, porque nos asustan.

​María también tenía el suyo. Lo imaginaba espantoso. Cuando notaba el brillo de sus ojos o escuchaba sus movimientos, cerraba de golpe la puerta. Muchas veces tenía pesadillas y solamente a su amiga Cristina, alguna vez, le contó sus sueños. Hablando con ella se sentía cómoda, se olvidaba de sus miedos. Aunque siempre le quedaba la sensación de no haberle explicado lo que realmente escondían sus pesadillas.

​Cierto día, tras una mala noche, se fue decidida a contárselo todo; lo dijo alto y fuerte: “¡Te amo, y no puedo dejar de hacerlo!”. Cristina sonrió.

​Cuando María regresó, encontró a su monstruo fuera del armario. Había salido tan decidida de casa, que olvidó cerrarlo y, por primera vez, le vio. No era como lo había imaginado. Sus ojos brillaban cautivadores, tenía un mechón como el arco iris y una sonrisa irresistible. Al acariciarlo, lo noto adorable.

​A partir de ese día, muchos de sus vecinos, mientras en casa ocultaban bajo llave cualquier clase de monstruos, por la calle cuchicheaban a su paso, pero a ella no le importaba porque ahora dormía sin sobresaltos, abrazada a su monstruo.


martes, 16 de abril de 2019

02. El cuento y la vida. Valentina Velázquez

Marina llevaba noches yéndose a la cama temprano y sin rechistar, y sus padres estaban asombrados por semejante cambio.

La niña necesitaba descansar porque a las dos de la noche, cuando todo estaba en silencio, doña nube la esperaba para irse a países lejanos y desérticos a derramar lluvia abundante; otras veces navegaba por el Mar Mediterráneo salvando vidas como bombera; también, como submarinista, disfrutaba de los arrecifes de coral y peces marinos, cuando no eran inundados por montañas de plásticos y otros contaminantes; la gustaba visitar selvas, pero estaba enfadada con lo que le contaban los animales y nativos.

Su mundo era un lugar amable hasta la puerta de su casa. Ahora se daba cuenta de que existía otro mundo más caótico, aunque no lo viera con sus propios ojos; aunque estuviera encerrado en un armario.

Cuando regresaba sobre las cuatro de la noche, su habitación se llenaba de sueños desordenados e inquietos.

Una mañana Marina no se levantó y aunque sus padres la llamaronpor toda la casa, no aparecía, hasta que abrieron el armario de su habitación y la encontraron profundamente dormida, abrazada a un libro.

martes, 2 de abril de 2019

01. Diario interestelar. Rosa Molina



Año 5600 de nuestra Era.

He bautizado a este planeta con mi nombre: XW4521. Ventajas de ser rastreador de galaxias. Inicio la maniobra de aproximación con cautela, pues la atmósfera es densa, pero aterrizo con éxito. Analizo el aire. Si las condiciones de vida son aceptables, facilitaré las coordenadas a la Tierra para que procedan con las tareas de repoblación. Abro la compuerta de la nave. Una brisa fresca y húmeda me acaricia. Respiro hondo. Huele a mar, a sal. Un bosque de hayas rojas, amarillas se agita débilmente. Es otoño. ¡Si pudiera vivir aquí, iniciar una nueva civilización! Solo necesito una Eva. 
Decido salir…. de repente, una manzana aparece delante de mi cara y un estridente grito terrícola me devuelve a mi planeta: 

- ¿Cuántas veces tengo que decirte que no te levantes de la mesa hasta haberte comido el postre? – me propina una sonora colleja – ¡¡¡y que sea la última vez que te escondes en el armario!!!

Cierro la puerta de la nave. Con la manzana en la boca enciendo el motor y me alejo a máxima potencia. Espero estar a años luz cuando descubran que no he terminado los deberes.

lunes, 1 de abril de 2019

Abril: dentro del armario

¿Os acordáis del monstruo del armario, ese que nos aterrorizaba cuando éramos pequeños? Pues ha llegado el momento de vengaros de él. Ha llegado la hora de inventar su pasado, su presente y su futuro y ponerle en su sitio: sacarle del armario, llevarle a otro planeta o, lo que es mejor, aterrorizarle. ¡Se va a enterar de lo que vale un peine!

Dentro de un armario hay muchos objetos guardados, escondidos, olvidados. Que cobren vida, importancia o voz, depende de vuestra imaginación. Esa caja de la balda izquierda ¿qué hace en vuestro armario?, ¿quién la ha puesto ahí?, ¿seguro que no se ha metido sola?, ¿y qué  contiene que hace ruido por la noche? ¿Y esos vestidos de flores, colgados en las perchas, que nunca os habéis comprado? ¿Por qué los zapatos taconean cuando abrís la puerta del armario?

Aquí hay mucha miga. El armario contiene, guarda y esconde muchas de las cosas que no son de nadie, pero que quieren ser nuestras. Compártelas. Juntos le encontraremos una utilidad.

¡Anímate! Abre tu armario y cuéntanos qué ves. Si hace falta agarrarlo, aquí estamos, para lo que haga falta.