En una bonita aldea vivía un pequeño lobo que trabajaba limpiando los tejados de sus vecinos. Un día barriendo un hermoso tejado de ladrillos rojizos, se tropezó y se cayó por la chimenea al guiso que hacían 3 cerditos. El pobre lobo se quemó el trasero y los cerditos en vez de ayudarle se rieron de él.
El lobo muy triste se fue corriendo y no paró hasta que llegó a su casa. Vivía en una casa de madera y ladrillo en el bosque. El techo era de paja y en todas las ventanas había macetas con flores de colores. Sus padres que le vieron llegar corriendo y llorando fueron hacia él para ver qué le pasaba.
- ¿Qué te pasa cariño?, pregunto mamá loba.
- Limpiando el tejado de unos cerditos me he resbalado por la chimenea y me he caído en una sopa ardiendo que estaban cocinando.
-Ya te hemos dicho muchas veces mamá y yo, que procures no acercarte a la casa de los cerditos…ya sabes que tus abuelos tuvieron muchos problemas con esa familia…
-De todas formas, papá lobo, deberíamos solucionar esto de una vez por todas, no podemos seguir así…
Al otro lado del bosque, llegaron los padres de los tres cerditos a casa y la mamá les preguntó si ya estaba hecha la cena. Los tres cerditos contaron lo sucedido a sus padres y estos muy enfadados, porque la sopa se había echado a perder, fueron a pedir explicaciones a la casa de los lobos.
Llamaron muchas veces a la puerta y nadie les abrió. Insistieron y volvieron a insistir. Pero no hubo respuesta. Muy enfadados decidieron echar la puerta de madera abajo. Cuando estaban dentro se dieron cuenta de que no había nadie en su interior.
De vuelta a su casa empezó a anochecer. Los cerditos estaban furiosos y muy hambrientos. A lo lejos, vieron que en su casa había luz y salía humo de la chimenea. La familia cerdito fue corriendo hasta su casa y cuando abrieron la puerta, se encontraron a la familia lobo preparando un festín maravilloso para la familia de los cerditos. Las dos familias cenaron juntos y pasaron una noche inolvidable.
Desde ese mismo día las dos familias fueron amigas y felices y también comieron perdices… Y colorín colorado, ahora ya sí que este cuento se ha acabado.

